Tribulaciones de una Reina Alien

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Wonder Woman(s)




De superheroínas está lleno el mundo, y no nos damos cuenta…

Y somos superheroínas porque la sociedad nos exige que lo seamos. ¿A que parece increíble?

Ahí va nuestra lista de superpoderes: tenemos que ser capaces (y fijáos en que digo “tenemos”, palabra que implica que no hay otras opciones posibles, que es una obligación)…

… como decía, tenemos que ser capaces de ser profesionales y capaces en nuestro trabajo de ocho horas mínimo al día…

… que mantenernos siempre hermosas, con la piel de porcelana, el pelo perfecto y el cuerpo escultural, y por supuesto dentro de los cánones de belleza que los modistos de turno nos imponen…

… tenemos que mantener nuestra casa impecable no vaya a ser que venga la suegra sin avisar y resulte que tienes un cómic fuera de su sitio (me refiero a “la suegra” como topicazo, no a mi suegra en concreto, pobrecita mía que es un cielo)…

… tenemos que ser las supermamás que a la vez que dan la teta están todo el día achuchando al rorro (por eso de la crianza con apego, la cual me encanta) PERO al mismo tiempo imponiendo límites absurdos al enano no vaya a ser que se enmadre mientras te peleas con los pañales y le vistes a la última moda de los mismos diseñadores que te imponen la talla 36 (¿sabíais que la 42 está considerada como talla grande en muchas tiendas? Pues ya lo sabéis…)…

… tenemos que hacernos cargo de nuestros mayores cuando ya no se pueden valer por sí mismos…

… por supuesto tenemos que ser esposas ejemplares y amantes espectaculares…

… tenemos que sacar tiempo de donde no lo hay para hacer vida social y quedar a comer con las amigas, con las mamás del parque y con las compañeras de trabajo…

¿Véis como tenemos superpoderes? ¿Qué mujer humana, normal y corriente, sería capaz de hacer todo lo que he reseñado y no morir agotada en el intento?

Yo misma os respondo: NINGUNA. 

Y por eso mismo, somos una legión de superheroínas llenas de complejos porque no puedes tener la casa perfecta porque si pasas el mocho no estás con el niño y luego te sientes culpable al no haber jugado con él todo el rato que te hubiera gustado y llegas cansada a trabajar y quieres mandar a tomar a todos al carajo y no te apetece maquillarte y sí zamparte ese bollo rebosante de azúcar y felicidad y… ¿sigo?

Vale. Lo reconozco. Tengo un pequeño secreto.

Hace tiempo que dejé de querer ser superheroína y me concentré en ser sólo Shiaya.

Y, fijáos… resulta que soy feliz.

Sigo trabajando en algo que me gusta, pero no me llevo trabajo a casa ni me acuerdo de él el día que estoy librando.

Me cuido sólo lo que me apetece, tengo unas canas que me encantan y gasto una 46 de talla, con el pecho dilatado por el embarazo y las caderas inmensas por el parto. Y me miro al espejo y me gusto. Y no gasto un duro en ropa de marca. Prefiero las camisetas frikis.

Mi casa no está impecable, pero está limpia, y al entrar en ella da sensación de hogar, y no de portada de revista de decoración.

Soy la SUPERMAMÁ con mayúsculas, al menos para mi pitufo, porque le crío como me nace del alma, con muchos abrazos, muchos besos, muchos mimos, muchos juegos, muchos dibujos animados y mucha, mucha, alegría.

El día que toque estaré encantada de cuidar de mis mayores. Pero es que me han educado así…

No se si seré una esposa ejemplar, eso preguntádselo a Loken. Pero soy feliz compartiendo mi vida con él. Creo que él estaría de acuerdo con eso…

No tengo una gran vida social. Prefiero la familiar, qué le vamos a hacer. Pero cuando veo a mis amigas es como si nos hubiéramos visto la semana pasada, aunque haga cuatro meses que no comamos juntas. Además, hay internet para no perder el contacto.

… para eso, y para escribir posts interminables…

(Prometo un microrrelato la próxima vez. Palabrita de superheroína).