El último hombre, la última máquina.
Ya no quedaba nada. Ni nadie. Sólo ellos dos, y la devastación.
El último hombre. La última máquina.
Él sabía que iba a morir. Ella sabía que iba a matarle. Un sólo hombre jamás había sido capaz de destruir a una máquina.
La miró con sus ojos humanos, mortales, finitos. Ella levantó hacia él su arma.
- Tengo más suerte que tú, máquina. Yo moriré, y olvidaré y seré olvidado. No más guerra, no más muerte, no más violencia ni mas caos. Tú, sin embargo, vivirás para siempre. Ya no hay humanos que puedan destruirte, ni desconectarte. Jamás olvidarás que fuiste la responsable de terminar con la raza humana.
Disparó.
El último hombre cayó muerto.
Sonreía.
La máquina lloró con sus ojos mecánicos. Estaba sola. Para siempre.